
Estaría realmente feo por mi parte no dar pelos y señales sobre el último trabajo de Mr. Eastwood. Sobre todo teniendo en cuenta que esta pedazo de cinta cuenta con el bueno de Morgan Freeman como protagonista.
Narra la historia de cómo Nelson Mandela fue capaz de unir un país roto y al borde de la guerra civil a través de un deporte: el rugby. Todo esto, desde luego basado en hechos reales. A mi por lo menos al ver la película me ha dado un poco de vergüenza no conocer estos hechos históricos (y menos, al saber que fueron tan recientes) que acontecieron en Sudáfrica en el año 1995. Qué historia tan bonita y tan increíble, copón.
Esta enésima lección de rodaje cinematográfico, se centra en la increíble capacidad de perdón y sacrificio del señor Mandela. Desde luego que pocas personas pueden resultar más dignas de admiración que un hombre que se pasa 27 años de su vida en la trena y sale perdonando a sus captores y torturadores, y no solo eso, sino que su propósito es unirlos y que vivan en paz de una maldita vez.

Un personaje clave del siglo XX, que como dice mi hermano: “no podía hacerlo otro actor que no fuera Morgan”. Gran verdad, Don Vito. No solo se parece físicamente, se nota que ha estudiado al detalle su forma de moverse y de hablar (recomendable en versión original), cuando lleva las gafas de sol y la camiseta del equipo de rugby sudafricano (Springboks), parecen dos gotas de agua. Poco puedo yo añadir que no se haya dicho antes de este enorme actor, y es que con esa sonrisa de bonachón ilumina toda la pantalla y la cámara se postra sin remisión ante él.
Nominado por este papel al Oscar de este año, se lo va a llevar y “ná” mas, que me corten la colilla si no es así.
El capitán del equipo de rugby y pieza clave para transferir las ideas de Mandela al campo está interpretado por Matt Damon, un todoterreno que cumple su papel perfectamente.


En cuanto al guión, no se implica demasiado en política, lo cual al menos para mí es muy de agradecer. Más bien se deja llevar por la pasión de Mandela en su trabajo y en dar una merecida oportunidad de ser felices a su pueblo. Desde el primer día de trabajo a este señor se le criticaba duramente, poniendo en entredicho todas las reformas que proponía, sobre todo la que es el tema central de Invictus.: Unir a negros y blancos a través del mundial de rugby.
Ante todas estas críticas, Mandela se limitaba a responder que eran acusaciones legítimas y que lo único que había que hacer (y que hacía) era seguir trabajando (ZP hermosón mío te recomiendo esta película).

Aunque no tengáis mucha idea de rugby (como es mi caso), tranquilos porque Clint recrea el partido perfectamente y lo hace ameno y enormemente entretenido, haciéndote hincha de los Starbroks casi instantáneamente.
Como curiosidad cinéfila apuntar una anécdota: Clint bautizó a su último hijo con el nombre de “Morgan” dada la íntima amistad que le une con el señor Freeman, digo esto porque en su día Eastwood fue tachado de racista en ciertos círculos Hollywoodienses. ¡Qué mala y puta es la envidia!, ya sea en Los Angeles, Sebastopol o Valdecañas City.

En resumidas cuentas y para acabar, Invictus es una historia necesaria que no os debéis perder, es verdad que adolece de ciertos fallos como la puesta en escena a veces un poco videoclipera y la música, salvo en contadas ocasiones no me ha gustado apenas.
No es la mejor película del maestro, vale, pero como os comenté en “El Intercambio”, está muy por encima de los estrenos generales, sin tan siquiera quitarse la gorra.
No será una obra maestra quizás, pero sí la obra de un maestro, ¡Mia tú!.
PD: Dedicada a mi querido Don Vito, gran fan y buen degustador de los trabajos de Morgan y Clint.
